José Luis Bedregal*
Luego del referéndum revocatorio, ocurrió lo que se temía: Bolivia ha confirmado que tiene dos visiones claramente contrapuestas que han agudizado su confrontación al recibir cada una la confirmación de que gozan del respaldo ciudadano, unos mayoritariamente en provincias y otros en las capitales urbanas.
La distribución geográfica de los resultados de la consulta muestra que el discurso regional y las consignas de contenido racista han logrado efecto en los bolivianos. Nuestro país se ha dividido en posiciones que parecen irreconciliables en tanto no ocurra un cambio de timón en los actores enfrontados, que, como se esperaba, han leído los resultados de la consulta de acuerdo con sus intereses, obviando el alto porcentaje obtenido por sus contrarios, hecho que dificulta vislumbrar el final de la crisis.
Lo cierto es que el presidente Morales obtuvo un amplio respaldo en provincias y un significativo rechazo en las capitales urbanas, señal de su alejamiento de las clases medias, sector importante e incluso definitorio en un proceso de transformación como el que pretende liderizar. Por otro lado, cívicos y prefectos cosecharon el resultado inverso, comprobando que, en sus propios territorios, sus propuestas pueden quedar cercadas por los habitantes del área rural y quedar el país otra vez atrapado en una situación de empate catastrófico crónico, que sólo es posible desequilibrar por dos vías: la violenta o la concertada.
En este contexto, mientras prefectos y Gobierno se reunían en La Paz, nuevamente sobre la base de una pésima y negligente preparación del diálogo, el Prefecto y el Comité Cívico de Santa Cruz enviaron la señal post referéndum de que habrían optado por la vía violenta y que utilizarían la bandera del IDH para arrastrar al pueblo cruceño hacia la confrontación contra el gobierno de Morales.
En el otro frente, con un respaldo masivo en las urnas, el Gobierno ha reaccionado mostrando síntomas de que no irá por la vía de la concertación, ya sea porque no tiene desde su visión la necesidad de hacerlo o porque no cuenta con la capacidad necesaria para lograrlo; si por el contrario, su opción fuera concertar, una de las primeras acciones debería ser el inevitable cambio de ministros. Es decir, el cambio de funcionarios desgastados por acciones confrontadoras, como los casos de Quintana o de Rada que, con los hechos de Santa Cruz, en contra de los discapacitados, ratificó por enésima vez que no tiene capacidad para estar a cargo de la fuerza pública en periodos democráticos.
En aras de la paz, es imprescindible que el Presidente de la República incorpore a su gabinete bolivianos que contribuyan a la conciliación y, al mismo tiempo, ayuden al proceso de cambio que abraza la mayoría de los bolivianos al entender que este es necesario para el desarrollo equitativo y pacífico pensando en un futuro sostenible. Nuevos ministros son indispensables, pues se precisa de interlocutores que generen el respeto y la necesaria credibilidad que el actual gabinete ha perdido, inhabilitándose así para una solución dialogada. Esta es la única manera de construir una mesa de negociación y lograr acuerdos con sectores de la Media Luna que estén dispuestos a soluciones contrarias a voces separatistas que, hoy por hoy, se entremezclan peligrosamente con las reivindicaciones justas de las regiones.
*José Luis Bedregal V.es especialista en gestión pública.
viernes, 22 de agosto de 2008
lunes, 18 de agosto de 2008
¿Cuál soberano?
José Luis Bedregal V.
Los bolivianos no podemos olvidar que en este último periodo de nuestra democracia, no se respetó la decisión del pueblo boliviano cuando en el referéndum sobre el gas el pueblo voto porque el destino de las utilidades de estos recursos debían estar orientados a salud, educación, caminos y generación de empleos en la perspectiva de que bien invertidos, pueden sacarnos de la pobreza y no así a la creación de bonos que tienen un carácter clientelar, engrosan gasto corriente, no genera empleo y mucho menos desarrollo.
Lo mismo ocurrió con el referéndum sobre autonomías que en términos legales, únicamente se debía discutir para los departamentos donde ganó el sí. Sin embargo no importa lo que el pueblo haya resuelto, el tema de la autonomía ya es discusión nacional y con versiones más peculiares como la “autonomía indígena” y la “autonomía regional”, incluso en departamentos donde el pueblo voto por el NO y cuyo efecto debería ser vinculante en la nueva constitución. Pero a los políticos les importa un comino la voluntad popular.
Con ese mismo criterio ahora no importa que hayamos votado por el presidente, el vice presidente y los prefectos, porque ante la incapacidad de conducir al pueblo boliviano, la clase política ha visto una salida coyuntural, que no es otra cosa que ganar un poco de tiempo hasta que “algo pase”, porque ellos son incapaces de construir la solución del conflicto; o como un analista dijo: “lanzan la papa caliente al pueblo”, papa que ellos calentaron y que ahora no pueden pelar… Vaya, qué mala suerte tiene nuestro pueblo.
En medio de esto, hoy cualquier “ilustre” tiene el derecho de hacer interpretaciones antojadiza de las leyes y las atribuciones constitucionales -claro en caso de que pertenezca al desubicado grupo de personas en Bolivia que todavía cree que las leyes deben cumplirse así nos incomoden- con lo que el debate a devenido en la posibilidad de que el referéndum revocatorio quede en medio camino ante las observaciones y denuncias que ha recibido en los últimos días. Sin embargo ya es tarde, pareciera que las cartas están echadas y sólo hace falta ver el resultado… no importa el descrédito de la Corte Nacional Electoral y que las cortes departamentales se hayan sumado o no a la chacota de los prefectos. Aquí lo que menos interesa es la seriedad y menos la legalidad. Así que ahora a comer… que la sopa está servida…
Lo cierto es que después del referéndum, el país únicamente observará un leve movimiento en el tablero político sin mayores efectos en la correlación de fuerzas, más aún porque nadie ganará ni perderá en su totalidad, por lo que desde las trincheras de ambos lados de la pelea, las victorias del otro y las derrotas de uno serán duramente desacreditadas e ingeniosamente interpretadas en el afán de mantener la legitimidad que hoy se atribuyen.
La voluntad del pueblo nuevamente quedará ignorada por los políticos de la oposición y el oficialismo. La victoria de cualquiera de las partes no tendrá la contundencia necesaria para dejar clara la “voluntad del soberano” y este chiste de mal gusto nos habrá costado más de 60 millones de bolivianos, con los que se hubiera podido hacer algo por los bolivianos de carne y hueso que deambulan y duermen en nuestras calles absolutamente ignorados por nuestra gran clase política.
(Publicado en La Razón, el 2 de Agosto de 2008)
Los bolivianos no podemos olvidar que en este último periodo de nuestra democracia, no se respetó la decisión del pueblo boliviano cuando en el referéndum sobre el gas el pueblo voto porque el destino de las utilidades de estos recursos debían estar orientados a salud, educación, caminos y generación de empleos en la perspectiva de que bien invertidos, pueden sacarnos de la pobreza y no así a la creación de bonos que tienen un carácter clientelar, engrosan gasto corriente, no genera empleo y mucho menos desarrollo.
Lo mismo ocurrió con el referéndum sobre autonomías que en términos legales, únicamente se debía discutir para los departamentos donde ganó el sí. Sin embargo no importa lo que el pueblo haya resuelto, el tema de la autonomía ya es discusión nacional y con versiones más peculiares como la “autonomía indígena” y la “autonomía regional”, incluso en departamentos donde el pueblo voto por el NO y cuyo efecto debería ser vinculante en la nueva constitución. Pero a los políticos les importa un comino la voluntad popular.
Con ese mismo criterio ahora no importa que hayamos votado por el presidente, el vice presidente y los prefectos, porque ante la incapacidad de conducir al pueblo boliviano, la clase política ha visto una salida coyuntural, que no es otra cosa que ganar un poco de tiempo hasta que “algo pase”, porque ellos son incapaces de construir la solución del conflicto; o como un analista dijo: “lanzan la papa caliente al pueblo”, papa que ellos calentaron y que ahora no pueden pelar… Vaya, qué mala suerte tiene nuestro pueblo.
En medio de esto, hoy cualquier “ilustre” tiene el derecho de hacer interpretaciones antojadiza de las leyes y las atribuciones constitucionales -claro en caso de que pertenezca al desubicado grupo de personas en Bolivia que todavía cree que las leyes deben cumplirse así nos incomoden- con lo que el debate a devenido en la posibilidad de que el referéndum revocatorio quede en medio camino ante las observaciones y denuncias que ha recibido en los últimos días. Sin embargo ya es tarde, pareciera que las cartas están echadas y sólo hace falta ver el resultado… no importa el descrédito de la Corte Nacional Electoral y que las cortes departamentales se hayan sumado o no a la chacota de los prefectos. Aquí lo que menos interesa es la seriedad y menos la legalidad. Así que ahora a comer… que la sopa está servida…
Lo cierto es que después del referéndum, el país únicamente observará un leve movimiento en el tablero político sin mayores efectos en la correlación de fuerzas, más aún porque nadie ganará ni perderá en su totalidad, por lo que desde las trincheras de ambos lados de la pelea, las victorias del otro y las derrotas de uno serán duramente desacreditadas e ingeniosamente interpretadas en el afán de mantener la legitimidad que hoy se atribuyen.
La voluntad del pueblo nuevamente quedará ignorada por los políticos de la oposición y el oficialismo. La victoria de cualquiera de las partes no tendrá la contundencia necesaria para dejar clara la “voluntad del soberano” y este chiste de mal gusto nos habrá costado más de 60 millones de bolivianos, con los que se hubiera podido hacer algo por los bolivianos de carne y hueso que deambulan y duermen en nuestras calles absolutamente ignorados por nuestra gran clase política.
(Publicado en La Razón, el 2 de Agosto de 2008)
martes, 5 de agosto de 2008
El Revocatorio en tiempos de cólera
Dice por ahí Santo Tomas: “Cuando la norma impide el amor, la norma se desecha”; es así… recuerdo como soñamos que las cosas para todos deberían de mejorar; que la mayoría tuviesen las condiciones mínimas para vivir con dignidad… ahora con varias canas que me salieron mi escasa cabellera y que soy padre de familia; mi sensibilidad por el mundo aumento; me lastiman más las situaciones de injusticia en nuestra sociedad.
Me toco ver de bastante cerca como una gran acumulación de sueños desencantados se fueron acumulando como la nieve en el nevado; hasta que se fue precipitando a tierra a veces con violencia (como en febrero y octubre del 2003); y bueno la violencia estaba en las carreteras de nuestro país; hasta que la poblada llego a las ciudades….. bastante complicado; la gente estaba conciente que las cosas deberían cambiar - siempre para mejor - ; de ahí con mucha expectativa depositaron su confianza en el Presidente Evo Morales.
Ahora, varios años después aunque parecen que la gestión pública en el gobierno central son bastantes enredadas; también es indudable que mucha gente se articulo en el poder regional y el poder económico que procura someter al poder político; se disfraza de una aspiración ciudadana que se llama autonomía; y que en fondo es una disputa del poder económico contra una ilusión socialista del siglo XXI que se construye de forma difusa.
En fin a todos nos duele la violencia; y somos conscientes que toda acción genera su reacción y ojala que este nuestro país que esta tan mixtuareado regionalmente y culturalmente no llegue a mayores; ojala que este revocatorio sea un revolcatorio…pero en la cama…porque hacer el amor en nuestro país nos caería muy bien para resolver nuestras pasiones.
Un abrazo de su Mallku
Moisexman.
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